domingo, 2 de febrero de 2014
Me volvió a llamar así de imprevisto, aparece de sorpresa como siempre, la misma excusa. Y yo la misma boluda. Cancelé el plan para esa noche y con toda la emoción salí corriendo a su casa.
Lo veo desde la vereda de en frente, parado frente al ventanal mirándome desde el primer piso de la esquina de 9 de julio y Arenales, esperando impaciente. En la esquina que meses atrás me rompía el corazón.
Y en un momento del sexo me dí cuenta, lo sentía, lo empecé a odiar. Lo odio.
Le tiré del pelo con odio.
Le mordí el cuello con odio.
Lo besé con odio.
Y aún así no tengo la certeza de que sea la última vez.
"Bueno, nos vemos" se despidió, después de compartir el almuerzo conmigo.
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